miércoles, 4 de enero de 2017

Acción contra el futuro, una fantasía punk.

Al verdadero friki se le reconoce por su gusto por bucear en el océano de lo minoritario, para extraer de él pequeñas perlas de aquellas que solo los iniciados saben realmente apreciar. Cosas como esta.

No hay futuro. O si?

Acción Contra el Futuro de Jaime G. Muela es uno de esos descubrimientos que a uno le alegran el día. De entrada, se trata de un libro financiado mediante crowdfunding y autoeditado.Ya solo por eso, para mi tiene mucho ganado. Pero aparte de eso, si el libro en cuestión contiene una historia de fantasía urbana retorcida, una mezcla de Palahniuk, Murakami y Sid Vicious, que transpira sordidez y mala leche por todos los poros, la cosa ya es como para celebrarlo. En la mejor tradición punk, en esta novela seremos testigos del violento intento de un grupo de perdedores sin futuro de rebelarse contra el mundo que les ha dejado tirados en la cuneta.

A continuación se explican aspectos de la trama.

Pérez es un tipo solitario y poco sociable. Una persona reservada, de la que se cuentan rumores escabrosos en los escasísimos lugares públicos que frecuenta. Trabaja en la morgue de la ciudad, y alterna su tiempo libre entre una sex-shop y un bar llamado Futuro Doble, ambos cercanos a su casa. Es en este bar cuando un día conoce a una extraña mujer, Armanda. Armanda trabaja como dependienta en una tienda de moda, pero la que realmente siente como su verdadera profesión es la de vidente. Había visto a Perez varios días antes en la puerta del Futuro Doble, y se había dado cuenta de que era lo que ella llama  un ser sin futuro, y por tanto, la persona ideal para un proyecto que tenía en mente desde hace tiempo. Tras concertar una cita para más adelante con el intrigado Pérez, Armanda le sigue discretamente durante una de sus visitas a la sex-shop. Tras abandonar Pérez el local, Armanda entra a curiosear, y allí conoce a María, la hija del dueño, que vigila a veces el local, una niña de once años, superdotada intelectualmente, pero afectada de una rara enfermedad incurable. Armanda abandona el local, turbada ante el hecho de que una chiquilla atienda un comercio de esas características, una chiquilla que además le ha dado una lección sobre sexología. Pero no sin antes darse cuenta de que María también es una persona importante para sus planes. Por otro lado Pérez comenta el extraño encuentro con un compañero de trabajo, Pedro, un estudiante de medicina bastante tarambana y con arrebatos violentos ocasionales. Pedro es vecino y compañero de clase de la superdotada María, y acabará también conociendo a Armanda, cerrando el círculo de coincidencias, cuando esta intente contactar con María, despertando la desconfianza de Pedro.

Juntos, Pérez, Armanda, María y Pedro convendrán en que tienen algo en común: son seres sin futuro, llenos de rabia contra el mundo que les ha marginado, y con ganas de devolverle el golpe. Siguiendo el plan de Armanda, los cuatro se constituirán en el núcleo duro de un grupo revolucionario llamado Acción Contra el Futuro. Al principio el grupo se conforma con realizar acciones agitativas en el campus universitario, mientras va reclutando más miembros. Sin embargo, las cosas se tuercen durante la que debía ser su puesta de largo como activistas, su primer acto de verdadero sabotaje. Durante esta acción, el novato grupo revolucionario acaba con una de sus  reclutas herida y capturada por la policía, y con el asesinato de un vigilante de seguridad cargado en su currículum. A partir de aquí, los cuatro ideólogos de Acción Contra el Futuro se verán envueltos en una espiral destructiva y autodestructiva, en la que se mezclarán realidad y fantasía, hasta que resulte difícil discernir que es realidad, que es delirio, y que es las dos cosas al mismo tiempo.

Fin de la zona de peligro de spoilers.

Por si no había quedado claro hasta ahora, dejemoslo bien claro: esta no es una obra para todos los públicos. La trama es violenta, y los personajes están bastante pasados de vueltas, así que si ese tipo de historias les impresionan, no digan que no estaban avisados. Si no, podrán disfrutar de una historia sórdida y enrevesada, en la que por momentos se mezclan sin avisar realidad y fantasía, en una especie de realismo mágico urbano y muy punk. Una historia que nos acaba dejando un poso triste, de fracaso, pues en el fondo se trata de una historia de perdedores que en todo momento asumen que lo son, y que sólo aspiran a fracasar con la cabeza muy alta. Si no hay futuro, al menos nos queda el molestar, es lo que parecen querernos contar.

Como curiosidad, el libro aparece firmado en la portada por Jaime G. Muela y Alicia Vernok, aunque en paginas interiores solo el primer nombre aparece como autor. Alicia Vernok es en realidad un alter-ego del autor (es el nombre que, sin ir mas lejos, aparece en su blog) y como tal aparecerá como personaje secundario en la obra, a modo de cronista que recoge las andanzas de los personajes, función que en el fondo es la misma que el autor cumple respecto a sus lectores, presentar los hechos de unos seres extraños, pero en los que seguro que en algún momento podemos sentirnos reflejados, pues, ¿quién no ha deseado alguna vez escupirle al futuro entre los ojos?

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