miércoles, 22 de febrero de 2017

Tempus Fugit.

A veces por pura casualidad te topas con pequeñas joyas que te alegran la tarde. Como el caso de la película que hoy traigo aquí, una producción de la televisión pública catalana para la pequeña pantalla del año 2003, dirigida por Enric Folch, e interpretada por actores habituales de las teleseries de dicho canal, que juega con ingenio con las paradojas temporales para componer una comedia romántica con toques de humor absurdo, y que plantea la idea de que nada ni nadie es insignificante, y que cualquiera puede convertirse en un héroe, aunque sea a su pesar, y de la forma más absurda posible: Tempus Fugit.



Nadie está a salvo del efecto mariposa. Nadie. 

A continuación se desvelan detalles de la trama 

Una plaza en un tranquilo vecindario de Barcelona. Y en esa plaza, un humilde kiosco de barrio. Uno de esos lugares que a primera vista nos parecen insignificantes, y sin embargo, el destino de la Humanidad entera depende de él. Hay que impedir como sea que ningún vecino compre la única cajetilla de caramelos de eucalipto que le queda a la kiosquera antes de que caiga la noche. ¿Porqué? Porque si no ocurrirá el Apocalipsis. No es broma. Ese día a última hora, ya caida la noche,  llegará un cliente malhumorado y pedirá caramelos de eucalipto. Si no quedan caramelos, este personaje se enfadará y montará una escandalera, iniciando un efecto dominó que acabará con un accidente de tráfico, en el que morirá el hijo de un importante mandatario extranjero, que a su vez sospechará que su hijo ha sido víctima de un atentado terrorista, iniciando con sus declaraciones una crisis diplomática que desembocará en la III Guerra Mundial. Así que para evitar ese funesto destino, NADIE debe comprar esa cajetilla de caramelos, y para vigilar este punto crítico temporal, desde el futuro ha sido enviado Andros (William Miller), un inexperto policía del tiempo.

Andros contacta con uno de los vecinos del barrio, Ramón (Xavi Mira), para que le ayude en esta misión tan importante. Ramón obviamente piensa que Andros es un chalado, pero cambia de opinión cuando ve que se cumple una predicción que le había hecho para el día siguiente, y decide colaborar. También se verá involucrada accidentalmente otra vecina del barrio, Angie (Neus Asensi), que acabará entablando una relación sentimental con Ramón. Pero las cosas se complican cuando Andros pierde el artilugio que utiliza para viajar en el tiempo, en este caso una caja de pastillas graduadas según el lapso de tiempo que se deseé avanzar o retroceder. Estas pastillas las encuentra el vecino de Ramón, un fanático futbolero (Xavier Bertrán), que decide usarlas para averiguar el resultado de una final que el F.C. Barcelona ha de disputar dentro de una semana. Tras descubrir horrorizado que el equipo de sus amores va a ser severamente goleado en el partido cumbre de la temporada por el eterno rival, el Real Madrid, y salvar a su yo del futuro de suicidarse al verse incapaz de soportar la humillación sufrida, ambos regresan de nuevo al punto de partida temporal, juramentados para evitar a cualquier precio que la desgracia de que han sido testigos llegue a suceder. Incluso si ese precio es el apocalipsis atómico.


 Fin de la zona de peligro de spoilers

Tempus Fugit  usa los elementos clásicos de las películas de viajes temporales para crear situaciones humorísticas, como la de los personajes coexistiendo en el mismo plano temporal con su yo del pasado o del futuro, bien tratando de esquivarse, o bien entablando diálogos absurdos consigo mismo. La película también toma prestados para parodiarlos otros argumentos clásicos del subgénero, como el socorrido efecto mariposa, que postula que cualquier cambio minúsculo de una situación inicial puede magnificarse hasta causar enormes consecuencias imprevistas, o las distintas lineas temporales dividiendose a partir de un evento clave y creando realidades paralelas. También hay referencias a otros tópicos de la ciencia ficción no estrictamente relacionados con los viajes en el tiempo, como cuando Andros explica con gran orgullo y felicidad a Ramón y Angie el funcionamiento de la sociedad futura de la que proviene, una distopía que le pondría los pelos de punta al mismísimo Orwell.

En su paso por distintos festivales, recibió diversos premios. Algunos de los más destacados serían la Ninfa de Oro al mejor guión en el Festival de TV de Montecarlo de 2004, el Silver Scream Award en el Festival de Cine Fantástico de Ámsterdam de 2004, o el Meliés de plata a la mejor película europea, y el premio del público, ambos en el Fantastisk Film Festival de Lünd, Suecia, de 2004. Sin embargo, a pesar de esta positiva acogida en los festivales, la película tuvo un estreno discreto en televisión el la televisión pública catalana TV3 en 2004, y tuvo que esperar hasta el 2006 para ser editada en vídeo. 

Se trata de una película pensada para el formato televisivo, y se nota bastante en su ritmo. En ocasiones los personajes hacen gala de un exceso de histrionismo, y algunos chistes son demasiado simplones, pero en general la película es entretenida, y discurre sin atascarse demasiado, algo que en historias sobre saltos temporales siempre es un peligro latente, ni tampoco hacerse demasiado ñoña, otro peligro este típico de las comedias románticas. Seguramente el planteamiento inicial daba para algo más profundo a nivel de mensaje, pero como comedia de enredo con toque romántico funciona aceptablemente. En resumen, una película entretenida y con puntos de humor, apta para una tarde de sofá y palomitas.

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