jueves, 21 de febrero de 2013

La Fuga de Logan

Hoy traigo aquí otra de esas películas de culto, uno de los clásicos del género de la ciencia-ficción, representante de un grupo de películas que quizá podríamos llamar de serie B+, que vendrían a ser películas con mayores medios que una película serie B típica, pero sin por ello llegar a los presupuestos de una gran superproducción. Un fenómeno que podríamos situar en el espacio de tiempo comprendido entre los estrenos de 2001, Odisea del Espacio (1968) y La Guerra de las Galaxias (1977), periodo en que los grandes presupuestos rehuyeron el genero fantástico, pero aun así se hicieron algunas películas que no terminaban de encajar del todo en los parámetros de la serie B. La Fuga de Logan, adaptación de la novela homónima de William F. Nolan y George Clayton Johnson publicada en 1967, dirigida por Michael Anderson en 1976, fue una de ellas, probablemente la última.

El destino en la palma de tu mano. Literalmente.

A continuación se desvelan detalles de la trama.

Estamos en el año 2274. La película comienza mostrando al protagonista, Logan 5 (Michael York), visitando la maternidad de un hospital. Sabe que ha nacido un hijo suyo, e intenta adivinar cual es. De la conversación con un amigo que le acompaña, Francis 7 (Richard Jordan), deducimos que conocer tal cosa, e incluso conocer la identidad de la madre son cosas que van contra las normas de esa sociedad, y que seguramente Logan se haya valido de alguna clase de influencia para poder saber que ha sido padre. Lo primero nos pone ya sobre la pista de que nos encontramos ante una sociedad distópica, cosa que no tardaremos en confirmar. Y lo segundo, de que Logan ocupa una posición de cierto privilegio en esta sociedad. 

El mundo en el que se desarrolla la historia es un lugar decadente muy similar a primera vista al de Un Mundo Feliz. Nos presenta una megaciudad aislada de un mundo exterior supuestamente hostil, donde los supervivientes de una catástrofe remota han construido una sociedad utópica a primera vista. Una sociedad hedonista, segregada en castas que visten uniformes de colores específicos, un lugar donde no existe el concepto de familia y la educación de los niños corresponde al Estado, donde todos han sido aleccionados en la aceptación acrítica del mundo en que viven, a cambio de una vida placentera y sin preocupaciones... todo esto recuerda mucho a Huxley. Sin embargo, muy pronto vamos a ver que los métodos que usa esta sociedad para mantenerse son mas bien los de una distopía a la Orwell.

A primera vista, la sociedad de la película esta dividida en tres castas: amarillos, verdes y rojos. Los amarillos serian niños y adolescentes. De una conversación de los protagonistas se deduce que se abandona esta casta al cumplir los 14 años, momento en que el habitante de este mundo distópico pasa a ser verde,  (joven) hasta los 21, en que adquiere el status de adulto y pasa a vestir de rojo, viviendo una vida despreocupada hasta cumplir los 31 años, momento en que el carácter plenamente distópico de la sociedad se pone de manifiesto. 

El espectador mas avispado seguramente se percatará desde el principio que solo se ven en escena caras jóvenes, pero para los que no sean tan observadores, no pasan muchos minutos antes de que aparezca la explicación a este hecho: estamos en un mundo postapocaliptico de recursos limitados, y la vida hedonista descrita tiene un precio. Solo los jóvenes y fuertes son aceptados en esta sociedad, y al cumplir los 31 todos deben someterse obligatoriamente a una ceremonia de suicidio ritual llamada El Carrusel, a fin de equilibrar la población. Una mística fe en algo llamado renovación (una especie de reencarnación) mantiene la aceptación de este sistema entre la mayoría, pero naturalmente, existen rebeldes que rehusan someterse, y es en este punto donde el enfoque distópico abandona los tintes huxleyanos, para volverse mas plenamente orwelliano.

Hemos descrito tres castas, expresadas por tres colores en el vestido. Sin embargo, vemos que Logan viste de negro, al igual que su amigo Francis. Esto señala su pertenencia a la casta de los Vigilantes, encargados de reprimir la disidencia, cuya expresión mas evidente es la de los fugitivos que tratan de huir de la ciudad para evitar el ritual del Carrusel, un delito castigado con la muerte y posterior vaporización in situ del cadáver, lo cual, de acuerdo con el sistema de creencias de la ciudad, le niega la renovación. Para ayudarles en su tarea, cuentan con una ayuda tecnológica: todo habitante de esta ciudad lleva implantado en su mano un dispositivo, con aspecto de cristal luminoso, que al mismo tiempo que computa el tiempo de vida que le queda, señala su posición en todo momento a la inteligencia artificial que gobierna la ciudad. No habrá que esperar demasiados minutos de película antes de ver a Logan cumpliendo con su cometido, y disfrutando sádicamente con ello, sin ningún atisbo de duda en su mente respecto al sistema al que sirve.

La creencia oficial es que tales fugitivos son simples desequilibrados mentales. Fanáticos que actúan en solitario, sin planes de fuga estudiados. Sin embargo, cuando Logan está entregando los objetos personales del ultimo fugitivo que ha abatido, en lo que se supone debía ser un mero trámite rutinario, es retenido por la inteligencia artificial, e interrogado sobre uno de los objetos en particular, un colgante que representa la cruz egipcia de la vida, el ankh. Al negar Logan ningún conocimiento sobre él, se le explica que es el símbolo que usa un presunto grupo organizado, llamado El Santuario, del que se sospecha que poseen una base fuera de los límites de la ciudad, que ayuda a los aspirantes a fugitivos que se ponen en contacto con su organización a escapar a través de rutas seguras por los intestinos de la ciudad. Logan queda sorprendido al descubrir algo que, sencillamente, siempre había pensado que era imposible.

A Logan se le encomienda la misión de tratar de infiltrarse en la organizacion, haciéndose pasar por un fugitivo, para descubrir las rutas de escape y el escondrijo del grupo, y así poder destruirlos. Para ello, se falsifica su edad, reescribiendo el dispositivo de la palma de su mano. Lo extraño y categórico de las ordenes, y lo expeditivo del procedimiento, hacen que Logan dude de la verdadera finalidad tras ellas. Pero como fiel servidor de un sistema en el que cree, se sobrepone a sus dudas. Recuerda haber visto antes un colgante parecido. Lo llevaba una joven perteneciente a la casta de los verdes, llamada Jessica 6 (Jenny Agutter), a la que había intentado seducir. Decide hablarle del tema, y de paso, volver a probar suerte como Don Juan. Pero Jessica, que ha identificado a Logan como un vigilante, esta lejos de confiar en el...

Fin de la zona de peligro de spoilers.

 Portada de una edición de la novela en que está basada la película, ilustrada con un fotograma de la misma en el que aparecen los protagonistas.

El argumento de la película se distancia del de la novela en que esta basada en diversos puntos. El mas evidente es que la novela es mas cruel en sus planteamientos: la edad del suicidio obligatorio son los 21 años, y no existe creencia alguna en reencarnaciones, sino un fanatismo suicida heredado del líder carismático que instauro el sistema, tras un conflicto generacional que devino en guerra civil planetaria. También, mientras en la película se nos muestra una ciudad de ensueño rodeada por un mundo arrasado, en el subsuelo de la cual los rebeldes se mueven usando las galerías de servicio, en la novela la distopía tiene alcance mundial, pero hay zonas abandonadas, instalaciones en desuso y ruinas olvidadas que es por donde los rebeldes se mueven en este caso. Y sobre todo, en la película falta el carismático líder de la resistencia, un personaje de talla mítica que tiene una importancia crucial en la novela. 

A un espectador de 2013, esta película le parecerá sin duda llena de altibajos. Combina logrados paisajes postapocalipticos en las escenas del mundo exterior, con un exceso de cartón piedra y decorados de un kitsch como solo los 70 podían lograr en las escenas que representan la vida en la ciudad. Muchos de los personajes y figurantes muestran claramente un aspecto mucho mayor que el de la edad que, por los colores de sus ropas, se supone que deben tener. Una propuesta inicial interesante y un arranque con las justas dosis de suspense y acción acaba resolviéndose decepcionantemente de una forma demasiado simplona. Aun así, es una película interesante de ver, y que, a pesar de la precariedad técnica que muestra juzgada hoy en día, en su momento consiguió el Oscar a los mejores efectos visuales de la edición de 1976. Es de destacar, también, la presencia de dos nombres interesantes en pequeños papeles secundarios. Por un lado, una Farrah Fawcett en los inicios de su carrera interpretando a la ayudante de un cirujano plástico que colabora con el grupo clandestino, y por otro, a Peter Ustinov encarnado a un superviviente del exterior de la ciudad, el primer anciano que los protagonistas ven en sus vidas.

Película entrañable, y sujeta a cierta mitomanía, hace años que se viene hablando de la posibilidad de rodar un remake de la misma con un presupuesto digno. Un proyecto que, desde el año 2006 ya ha conocido los nombres de cuatro directores: Bryan Singer, Joseph Kosinski, Carl Rinsch y finalmente Nicolas Winding Refn, que es quien la tiene en las manos ahora, y para el que también esta siendo complicado reunir el reparto. Una pena, pues se trata de una historia que, debidamente aprovechada, podría dar mucho jugo. Pero mientras no llega ese remake (que ya empieza a aspirar al titulo de película maldita) habrá que conformarse con esta versión kitsch setentera que, si no otra cosa, entretenida al menos es.


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