Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta novela. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de enero de 2017

Acción contra el futuro, una fantasía punk.

Al verdadero friki se le reconoce por su gusto por bucear en el océano de lo minoritario, para extraer de él pequeñas perlas de aquellas que solo los iniciados saben realmente apreciar. Cosas como esta.

No hay futuro. O si?

Acción Contra el Futuro de Jaime G. Muela es uno de esos descubrimientos que a uno le alegran el día. De entrada, se trata de un libro financiado mediante crowdfunding y autoeditado.Ya solo por eso, para mi tiene mucho ganado. Pero aparte de eso, si el libro en cuestión contiene una historia de fantasía urbana retorcida, una mezcla de Palahniuk, Murakami y Sid Vicious, que transpira sordidez y mala leche por todos los poros, la cosa ya es como para celebrarlo. En la mejor tradición punk, en esta novela seremos testigos del violento intento de un grupo de perdedores sin futuro de rebelarse contra el mundo que les ha dejado tirados en la cuneta.

jueves, 29 de diciembre de 2016

El blues de la reserva. Magia y rock'n'roll

Probablemente uno de los términos más prostituidos de la historia de la literatura sea el de realismo mágico. Estrictamente hablando, se trataría de aquel subgénero de la literatura fantástica en el que los elementos mágicos o sobrenaturales se integran en la historia sin acaparar el protagonismo, sino manteniéndose en un segundo plano. Como resultado, la trama acostumbra a ser bastante mundana, pero aún así, la magia forma parte fundamental de ella, aunque los personajes normalmente no le dan importancia. Es algo que forma parte de su mundo, y es el lector/espectador el que debe apreciar lo extraordinario del hecho de que, por ejemplo, el protagonista converse habitualmente con el fantasma de algún antepasado y le pida consejo sobre asuntos cotidianos.

A este subgénero fantástico pertenecen grandes clásicos de la literatura universal. Pero son precisamente esos clásicos lo que le dan al término ese aire de comodín ligeramente mercenario. Terry Pratchett decía que realismo mágico solo es una forma elegante de decir literatura fantástica. Es cierto que, mientras que el término literatura fantástica nos hace pensar de inmediato en un género juvenil y ligado al pulp, realismo mágico nos hace pensar en grandes nombres de la literatura, gente como Garcia Marquez o Borges, a los que jamás osaríamos asociar con algo tan comercial e inmaduro como el género fantástico. Una simple cuestión de prejuicios, a fin de cuentas, que no  hace que el realismo mágico deje de ser tan fantasioso como cualquier novela de la saga de Harry Potter.

Pero el realismo mágico también es objeto de prejuicios propios. El más común de ellos queda ejemplarizado en otra frase, esta vez del autor Gene Wolf: el realismo mágico es fantasía escrita en español. Básicamente se da por sentado que, con alguna honrosa excepción, se trata de un género casi exclusivamente latinoamericano. Es por ello que hoy quiero traer un ejemplo de realismo mágico escrito al norte del Río Grande. Aunque algunos me dirán, no sin algo de razón, que hago trampa. Y es que Sherman Alexie, efectivamente, es ciudadano estadounidense, pero no es un gringo, sino un indígena norteamericano. Y quizá por ello, en nuestro imaginario lo percibimos más cerca de la cultura mestiza de Latinoamérica que de la de la Norteamérica anglosajona. Esto, obviamente, no deja de ser otro prejuicio. La obra que traigo aquí, Blues de la Reserva, publicada en 1995, y ganadora en 1996 de uno de los American Book Award, narra las aventuras de un grupo de indígenas norteamericanos que deciden formar su propia banda de rock y lanzarse a la carretera en busca de la fama.


martes, 10 de diciembre de 2013

La Rebelion de Atlas, una fábula neoliberal.

“Hay dos novelas que pueden cambiar la vida de un chaval de catorce años que se dedique a devorar libros: ‘El señor de los anillos’ y ‘La rebelión de Atlas’. Una es una fantasía infantil que, normalmente, suele engendrar una obsesión enfermiza con héroes increíbles que termina degenerando en una madurez emocionalmente dañada y socialmente inválida, creando un ser incapaz de relacionarse con el mundo real. En la otra novela, por supuesto, hay orcos.”

No sabría decir si fue esta frase atribuida al Nobel de economía Paul Krugman, burlándose de la novela favorita de los entusiastas del neoliberalismo, corriente con la que no es ningún secreto que es muy crítico, o el comentario indignado de un fan a un articulo critico sobre su autora en un blog, reivindicándola como la novela que hace que todo rojo que la lea se vuelva de derechas, lo que hizo que me picara la curiosidad. Porque aunque intente que no se me vea demasiado el pelo cuando hablo de cine y literatura, no creo que sea demasiado difícil darse cuenta de que yo tiro bastante más a las izquierdas que a las derechas. Y si no se dieron cuenta, ahí en la columna de la derecha hay un enlace a otro blog que tengo para hablar de temas políticos, donde si que no me corto un pelo a la hora de dejar bien clara mi posición. El caso es que me sentí tentado, y hasta desafiado por la potencia tanto de las alabanzas de los admiradores, como de las críticas de quienes aborrecían su mensaje. Una novela que causa tanta controversia no puede ser mala, independientemente del poso ideológico que haya en el fondo, me dije. Así que, aun a riesgo de perder mi condición de pancartero contestatario si la leyenda urbana era cierta, me dispuse a leer la que dicen que es la más lograda expresión de la epopeya del individuo genial contra la masas descerebradas y el gobierno opresor: La rebelión de Atlas, de Ayn Rand.


La novela que te convertirá en un neoliberal fanático (o eso dicen). 

La obra de Ayn Rand no puede decirse que sea excesivamente popular fuera de los Estados Unidos. Probablemente se trate de una cuestión cultural más que otra cosa. Es uno de esos productos que, igual que los Cadillac o el fútbol americano, casan muy bien con la idiosincrasia de los norteamericanos, pero resultan extravagantes trasplantados a otro lugar. Alisa Rosembaum fue una inmigrante rusa llegada a los Estados Unidos en 1926. Su padre había perdido el pequeño negocio familiar durante los tiempos de la Revolución, acontecimiento que marcó su infancia,  y durante su etapa estudiantil había sido expulsada temporalmente de la universidad en el transcurso de una de las purgas de Stalin. No es de extrañar que albergara un profundo resentimiento contra el comunismo. Tras cambiar su nombre por el de Ayn Rand, alcanzó su propia versión del sueño americano al entrar en el negocio del cine, primero en empleos auxiliares y finalmente como guionista profesional. En su etapa hollywoodiense fue una firme defensora del macarthismo, y aparte de sus trabajos para el cine, también escribió varias novelas y obras de teatro, antes de decidir poner fin a su carrera como escritora de ficción para dedicarse a desarrollar un método filosófico de su creación al que llamo objetivismo, que viene a ser básicamente un intento de justificación intelectual para el egoísmo. Para Rand, el humanitarismo, la solidaridad y los actos caritativos eran esencialmente dañinos y debilitaban la sociedad, privándola del instinto de superación, y el egoísmo debía celebrarse como una virtud. Vamos, que la buena señora debía sufrir horrores con la programación televisiva navideña. La rebelión de Atlas, publicada en 1957, fue su ultima obra de ficción, una novela-manifiesto, similar en ese aspecto a La isla, de Huxley, que ya comente aquí hace tiempo aunque, obviamente, con una carga ideológica totalmente opuesta.

lunes, 28 de enero de 2013

80 años de polémica, y aun a vueltas con las ilustraciones de las portadas del genero fantastico.

En primer lugar hola a todo el mundo, y perdón de nuevo por una larga temporada sin escribir. Obviamente, estaba escondido en mi búnker atómico, esperando el Apocalipsis Maya. Una vez pasada la fecha fatídica, y tras asegurarme de que los zombis atómicos no poblaban las ruinas de la Tierra arrasada, me he decidido a salir. Bueno, bromas aparte, he estado ocupado en diversos menesteres que me han hecho dejar un poco de lado este blog. Pero un acontecimiento reciente me ha hecho reflexionar sobre como a veces la tijera del censor puede aparecer por donde menos te la esperas, y con la mejor de las intenciones se puede acabar cayendo en la trampa de la moralina. Se trata de la negativa del periódico español La Marea, una publicación mensual independiente de tendencia ideológica progresista, a aceptar incluir la publicidad de la reedición de la novela de George R. R. Martin Choque de Reyes (segunda entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego, y continuación de la recientemente adaptada con gran éxito a televisión Juego de Tronos) por, imagino que ya lo adivinan, el desnudo de la portada.

 La portada de marras

viernes, 15 de junio de 2012

Mercaderes del espacio.

Quizá una de las preguntas mas clásicas de la ciencia-ficción es ¿cómo sería un mundo dominado por las grandes corporaciones? La respuesta es obvia, ya vivimos en ese mundo, pero seguramente por ello es uno de los interrogantes clásicos del género. A fin de cuentas, muchas veces la ciencia-ficción solo usa el futuro como metáfora del presente. Hoy me propongo rastrear los orígenes de este enfoque temático, hasta la que tal vez pueda considerarse la primera obra en plantearse esa incógnita: Mercaderes del espacio.


Mercaderes del Espacio, novela de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth, publicada en 1954, se adelanta tres décadas en el tiempo a la moda, que popularizará en los 80 el cyberpunk, de presentar sociedades dominadas por megacorporaciones y conglomerados empresariales en la que el individuo ha sido despojado de cualquier poder de decisión, y solo vale en cuanto que consumidor. Hasta la publicación de Mercaderes del Espacio, el consumismo podía formar parte del paisaje distópico, pero siempre había detrás el poder absoluto del estado totalitario como origen de la distopía. Mercaderes del Espacio cambia este enfoque, siendo la primera obra en sugerir que la distopía podía no solo originarse por la masiva concentración de poder por parte del estado, sino también por su contrario, la total deserción del estado de sus responsabilidades de control.

sábado, 18 de febrero de 2012

So Yesterday: tendencias urbanas y conspiración.

Ya hablé hace tiempo aquí de Scott Westerfeld, figura emergente de la ficción juvenil. Hoy quisiera hablar de una de sus obras que aun no ha sido traducida al español, So Yesterday (2004). Una pena en mi opinión, puesto que el argumento de la misma trata de un tema interesante, la intencionada volatilidad de las modas, y también porque seguramente es la única obra de dicho autor que no transcurre en un escenario fantasioso, sino que en esta ocasión tenemos un thriller urbano, en el que las cosas extrañas acontecen en oscuros almacenes industriales, o entre las luces y el glamour de fiestas de la alta sociedad de una Nueva York que nos demuestra que la gran ciudad puede ser un marco narrativo tan extraño como un planeta extraterrestre, o quizá mas.


¿Estás a la última? ¿Seguro?

La expresión "so yesterday" que da título a la novela podría mas o menos traducirse como "tan anticuado", y de eso trata la historia. Westerfeld plantea una hipotética explicación a una pregunta que probablemente alguna que otra vez todos nos hayamos hecho: "¿cómo es posible que algo tan absurdo/ridículo se haya puesto tan de moda de pronto?". Tal vez gracias a personas como Hunter, el protagonista de la novela. Como su propio nombre indica, Hunter es un cazador. Un cazador de tendencias. Aparentemente un vulgar estudiante, tiene en realidad un empleo a tiempo parcial que mantiene tan en secreto como puede, ya que exige discreción. Moviendose por los ambientes urbanos juveniles, su misión es descubrir las nuevas tendencias urbanas en el momento de su nacimiento, discriminar lo "cool" (y por tanto, vendible) de lo simplemente extravagante, y pasar informe a los equipos de marketing de las firmas de moda juvenil que le emplean, a fin de que lo tengan en cuenta en sus diseños y campañas publicitarias. Hunter se ve a si mismo como miembro de una casta intermedia entre la de los innovadores, aquellos que crean las nuevas tendencias estéticas, y la de los consumidores, que simplemente siguen la corriente.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Momo y los ladrones de tiempo

Recupero este viejo articulito que escribí hace años ya, ahora que se acerca Navidad, porque si teneis niños a los que quereis iniciar en la lectura, esta novela una excelente opción. Y tambien vale para los mayores.



La primera vez que oí hablar de esta novela, y por extensión de su autor, el alemán Michael Ende, seguramente uno de los grandes de la literatura fantástica, fue, como no, durante la adolescencia. Recuerdo que varios compañeros de clase comentábamos lo aburridos que nos parecían los libros que hasta el momento nos habían mandado leer como parte de la asignatura de lengua y literatura. Uno de aquellos compañeros propuso como ejemplo de lo que podrían mandarnos leer este libro, que a él le habían regalado no hace mucho, y que encontraba genial.


Con el paso de los años, creo que he llegado a comprender porque esta genial novela no estaba en la lista de lecturas obligatorias de la escuela. Seguramente son las mismas razones que hicieron que la publicación de esta obra, que en 1974 recibió el premio Deutscher Jugendbuchpreis (Premio Alemán de Literatura Juvenil), fuera en principio bastante difícil, allá por el 1973. Y es que la historia de la niña vagabunda y los ladrones de tiempo pone en duda demasiadas cuestiones que nuestra sociedad da por obvias, así que quizá conviene mantenerla a una cierta distancia de la escuela. Sobre todo cuando esta escrita con ese lenguaje claro y simple con el que se cuentan los cuentos a los niños. Porque Momo en realidad es un cuento para niños. En eso reside la grandeza de esta novela, en poner su mensaje, su moraleja, al alcance de cualquiera con una edad mental superior a los seis años. Y esa moraleja quizá no es tan inocente como parece. O al menos, no en el sentido en que muchos entienden la palabra inocente, como sinónimo de trivial o incluso estúpido.

viernes, 5 de agosto de 2011

Los Desposeidos: el día que Bakunin se puso un traje espacial.

El de la ciencia-ficción es un mundo eminentemente masculino. Son bastante pocas las mujeres que se han dedicado a este género, así que hoy quisiera reivindicar la figura de una de las grandes damas de la ciencia-ficción, Ursula K. Le Guin, la primera mujer en obtener el título de Gran Maestra de la Asociación Americana de Autores de Ciencia Ficción y Fantasía (SFWA) en 2003. Una autora que ha cultivado tanto el género de la fantasía mas clásica de magia y espadas, como la ciencia-ficción propiamente dicha, campo en el que es reconocida como uno de los nombres mas importantes, si no el que mas, de la llamada ciencia-ficción social, subgenero centrado en la especulación sobre hipotéticas sociedades futuras, en cuya detallada y consistente descripción sobresale Le Guin. Es en este campo donde se enmarca Los Desposeidos, publicada en 1974, con seguridad la novela mas política de la autora.


El título completo de la obra incluye el subtítulo Una Utopía Ambigua, que nos da una primera indicación de la temática. Las obras de Le Guin a menudo tratan del conflicto entre diferentes formas de entender la vida, y esta no es una excepción. Sin embargo, mientras en muchas de las obras de ciencia-ficción de la autora el origen del conflicto suele ser el contacto entre dos razas, usualmente los humanos y alguna raza alienígena cuya cultura ha sido modelada por particularidades biológicas que los humanos, al no compartir, no pueden entender, en Los Desposeidos las dos sociedades enfrentadas son dos pueblos de la misma raza, pero separados por un salto en el espacio, por 200 años de incomunicación, y sobre todo, por un abismo ideológico. Los habitantes del planeta Urras viven en un bullicioso mundo comercial, conectado con el resto de la galaxia, y entregados a los negocios. Mientras, sus vecinos del planeta Anarres (en realidad, el gigantesco satélite del mundo anterior) han optado por el aislamiento y la autosuficiencia, y gobiernan (si es que resulta pertinente usar esta palabra para describir el caso, que mas bien no) su mundo como una gigantesca colectividad anarquista.

sábado, 25 de junio de 2011

Aldous Huxley: La Isla. ¿Y si la utopía fuera posible?

En el prólogo a la edición de 1949 de su famosa novela distópica Un Mundo Feliz, Aldous Huxley escribía lo siguiente:

“Si ahora tuviera que volver a escribir este libro, ofrecería al Salvaje una tercera alternativa. Entre los cuernos utópico y primitivo de este dilema, yacería la posibilidad de la cordura (...). En esta comunidad, la economía sería descentralista y al estilo de Henry George, y la política kropotkiniana  y cooperativista. La ciencia y la tecnología serían empleadas como si, lo mismo que el Sabbath, hubiesen sido creadas para el hombre, y no (como en la actualidad) el hombre debiera adaptarse y esclavizarse a ellas. La religión sería la búsqueda consciente e inteligente del Fin último del hombre, (...). Y la filosofía de la vida que prevalecería sería una especie de Alto Utilitarismo, en el cual el principio de la Máxima Felicidad sería supeditado al principio del Fin último, de modo que la primera pregunta a formular y contestar en toda contingencia de la vida sería: ¿Hasta qué punto este pensamiento o esta acción contribuye o se interfiere con el logro, por mi parte y por parte del mayor número posible de otros Individuos, del Fin último del hombre?”


Esta es, en líneas generales, la descripción de la sociedad en la que transcurre la acción de La Isla, obra póstuma del citado escritor, y considerada como la antítesis de Un Mundo Feliz. La Isla fue publicada en 1962, poco antes de la muerte de su autor, y muchos la consideran su testamento ideológico. Puede parecer contradictorio que el creador de una de las obras fundamentales del género distópico, una de las visiones más oscuras del futuro, se despidiera de este mundo dejando su opinión sobre como debería ser una sociedad ideal, pero eso no hace su lectura menos interesante. Si en Un Mundo Feliz, el planeta había caído bajo la dominación de una “dictadura amable” basada en conseguir que el ciudadano amase su esclavitud mediante el lavado de cerebro, la alienación cultural y el consumismo desenfrenado, La Isla plantea el supuesto contrario. En Un Mundo Feliz, los disidentes eran forzados a exiliarse en islas apartadas, y es precisamente en una isla aislada en donde tiene lugar la acción de esta novela, una isla en la que un grupo de idealistas han construido una sociedad basada en el crecimiento como individuos, y que, como los galos de los cómics de Asterix, resisten testarudamente los embates de un mundo exterior hostil a su ideal de vida.

lunes, 30 de mayo de 2011

La Materia Oscura: fantasía... y herejía.

Recientemente, un amigo colgó en su "muro" de Facebook un enlace a un video en Youtube de un fragmento de una entrevista en la que el escritor Phillip Pullman decía unas cuantas verdades sobre la libertad de expresión, aprovechando la presentación de su último libro. Si a alguien le interesa escucharla aquí está:


No hablaré aquí de ese libro, que aun no he podido leer, pero que todo parece indicar que será interesante, sino de la obra que puede decirse que hizo famoso al citado autor, y quizá también su obra mas polémica, la trilogía La Materia Oscura, una saga de fantasía enfocada principalmente al público adolescente, ganadora del premio Carnegie Medal de literatura infantil, y ampliamente reconocida por los aficionados al género fantástico.

Los tres títulos que forman la Trilogía de La Materia Oscura.


En La Materia Oscura, Pullman imagina un multiverso por el que se mueven los protagonistas, seres de una dimensión paralela que habrían visitado nuestro mundo en el pasado remoto, dando origen a nuestros mitos y leyendas. Hasta aquí, nada que no sea un clásico de la ciencia-ficción, o hasta de las teorías de la conspiración: los tópicos dioses extraterrestres. ¿Cual es la diferencia fundamental que convierte esta serie en polémica? Que mientras lo habitual en estos casos es convertir en alienígenas a dioses de mitologías extintas, como los dioses griegos, egipcios o de la América precolombina, Pullman usa nuestra propia mitología religiosa occidental. Los alienígenas divinizados no son aquí Zeus, Osiris o Quetzalcoatl, sino nuestros propios ángeles, arcángeles, diablos y hasta el mismo Dios.

lunes, 9 de mayo de 2011

Clásicos de la ci-fi: Forastero en Tierra Extraña.

Bueno, de momento, y mientras preparo una nueva entrada que llevo rumiando hace tiempo sobre el tema de la ci-fi apocalíptica que corrija la afirmación que en su día hice sobre la muerte del género a finales de los 90, visto el repunte que ha tenido de un tiempo a esta parte, aquí dejo otro viejo artículo que rescaté este fin de semana, organizando directorios en mis discos duros, sobre una novela clásica: Forastero en Tierra Extraña 


Forastero en Tierra Extraña es probablemente la novela mas polémica del ya de por si polémico autor de ciencia ficción Robert Anson Heinlein. Baste como detalle el hecho de que para la primera edición de esta novela, en 1961, hubieron de ser censurados diversos pasajes que el editor, sencillamente, no se atrevía a publicar tal como estaban, y que la edición completa del libro no se publico hasta 1990.


El argumento inicial es bastante simple. Una primera expedición internacional al planeta Marte, formada, para evitar tanto los problemas derivados de la abstinencia sexual durante la larga travesía como los tabús sociales inherentes al sexo, por cuatro matrimonios de astronautas, pierde contacto contacto con la Tierra cuando se disponía a amartizar. Hasta veinticinco años mas tarde no se puede enviar una segunda expedición que para su sorpresa, aparte de descubrir que Marte es un planeta habitado, también encuentra al llegar a un superviviente de la primera: Michael Smith, el hijo ilegítimo de dos de los miembros de la primera expedición, huérfano desde muy niño, que ha sido criado y educado por los marcianos.

sábado, 9 de abril de 2011

Extras: ¿Quieres la fama? ¿A qué precio?




Bueno, después de una temporada de tenerlo olvidado, creo que ha llegado el momento de retomar este blog. La verdad es que últimamente no me había sentido tentado a reseñar nada. No encontraba nada que me sedujese a escribir, entre tanto remake y revisitación de clásicos de toda la vida que se esta produciendo estos días (nota mental: algún día tengo que hablar de eso), y por otra parte, encuentro que ya tengo demasiados artículos hablando de cine y literatura de los 80, 70 y aún mas allá en este blog. Sentía la necesidad de hablar de algo nuevo, pero nada me seducía realmente. Lo confieso, me he dejado llevar por la pereza. Así que me he dicho que ya era hora de escribir algo, lo que sea. Así que he aprovechare para hablar de la penúltima novela fantástica de moda, que me ha caído hace poco en las manos, y que parece confirmar cierta tendencia al renacimiento del genero apocalíptico que vengo observando los últimos años. Sera que se acerca el 2012, pero al final tendré que tragarme lo que dije hace tiempo sobre la muerte del genero. En fin, al tema.

Extras, de Scott Westerfeld, uno de los nombres de moda de la literatura fantástica de los últimos tiempos. Un autor que comenzó con el cyberpunk, se paso después a la space-opera, y últimamente se ha internado en ese universo tan rentable de lo que llaman género fantástico juvenil (nueva nota mental: de esto otro también tengo que hablar algún día). Extras es una especie de epílogo a su exitosa Trilogía de los Feos, en cuyo universo se basa, aunque se trata de una novela independiente, que se puede leer y comprender sin necesidad de haber leído los otros libros. Para los que no conozcan la susodicha Trilogía, pero estén interesados en este libro, baste decir que trata del auge y caída de una sociedad distópica clásica en un mundo post-apocalíptico no menos clásico. Los tres pilares de esa distopía son: culto a la belleza, cyborgización y por supuesto, lavado de cerebro. Es la única referencia que necesitan de la saga para comprender esta nueva novela.

domingo, 20 de junio de 2010

Campo de Batalla la Tierra


Sin duda, la ciencia ficción es un genero que atesora gran numero de encendidas polémicas y debates. Autores y obras que cuentan con apasionados defensores y detractores, que hacen correr ríos de tinta, o de bits en estos tiempos cibernéticos, a la hora de enjuiciar sus presuntos méritos o defectos. Pero si hemos de elegir cual es el esqueleto en el armario por excelencia, la figura que hace que al nombrarla todos los aficionados al genero enrojezcan y miren al suelo, ese es sin duda L. Ron Hubbard, el hombre que colgó la máquina de escribir para internarse en los procelosos mares de la religión. El creador de una secta que se mueve entre el glamour de las grandes estrellas holliwoodienses y los escándalos financieros y judiciales. Hoy nos aproximaremos un poco a la figura del Hubbard escritor. Para hablar del Hubbard predicador, ya hay millones de sitios en Internet donde hacerlo. Y aquí, los predicadores, excepción hecha del personaje de comic que lleva ese nombre, nos interesan bien poco. Pero es innegable que los antecedentes del autor convierten a las dos novelas que componen la serie Campo de batalla La Tierra (1982) en una ambrosía friki de primera categoría.


Vaya por delante el hecho de que yo, personalmente, a los predicadores los tengo catalogados en la misma categoría que a los mosquitos de la malaria o las enfermedades venéreas. El mundo estaría mejor sin ellos. Por si ello no fuera suficiente, cuando cayeron en mis manos las dos novelas que componen la serie de la que hablo, no pude menos que recordar la infame película que se hizo basada en ellas. Es por ello que aborde su lectura cargado con una gran cantidad de prejuicios, y convencido que la abandonaría después de un par de capítulos, arrepintiéndome del tiempo malgastado. Pero cuando no fue así, me dije que a lo mejor era buena idea escribir una pequeña reseña al respecto. E intentar que fuera lo más imparcial posible. Porque todas las que he podido consultar juzgan la obra más en función de la opinión que les merece a su autor el Hubbard predicador que en la de sus propios méritos o carencias.