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domingo, 21 de mayo de 2017

Bandas de ficción que triunfaron en el mundo real


¿Crees que necesitas existir realmente para triunfar en la música? ¿Sí? ¿Estás seguro?


Hacía mucho tiempo que no escribía un artículo-lista, es decir, uno de esos post que enumeran, por orden cronológico o de presunta importancia a juicio del autor, una serie de obras o autores fundamentales de cualquier ámbito de la cultura popular. Primero que nada, porque son largos, farragosos, es bastante difícil de conseguir una cierta homogeneidad a lo largo de ellos, y bastante fácil de hacerlos aburridos para el lector. Y segundo, porque ya los hay a miles en la Red. Es cierto que tengo varios en este blog, pero siempre que puedo prefiero mejor comentar alguna obra en concreto. Pero bueno, recientemente ha ocurrido un acontecimiento (al que ya me referiré en el artículo aunque, viendo cual es el tema, si están al punto de la actualidad musical imagino que ya adivinan de que se trata) que me ha hecho reflexionar sobre el tema de las bandas virtuales y de ficción. Es decir, de esos grupos musicales que, en un principio, aunque hay excepciones, nacieron en el contexto narrativo de una serie o película, pero que acabaron sobrepasando a su contenedor original y se constituyeron en productos culturales por derecho propio. Bandas que tocaron temas que aún hoy día a veces escuchamos en programas radiofónicos dedicados a los clásicos, o como música de fondo en comerciales o películas, y que quizá estamos lejos de sospechar que nacieron en el contexto de un programa de televisión. Así que ahora propongo que se relajen, tomen sus auriculares si lo creen necesario, y hagamos un viaje en el tiempo a través de varias décadas para conocer algunas notables bandas que iniciaron su andadura como simples personajes de ficción.
 
Todo comienza la primavera de 1958...

martes, 10 de diciembre de 2013

La Rebelion de Atlas, una fábula neoliberal.

“Hay dos novelas que pueden cambiar la vida de un chaval de catorce años que se dedique a devorar libros: ‘El señor de los anillos’ y ‘La rebelión de Atlas’. Una es una fantasía infantil que, normalmente, suele engendrar una obsesión enfermiza con héroes increíbles que termina degenerando en una madurez emocionalmente dañada y socialmente inválida, creando un ser incapaz de relacionarse con el mundo real. En la otra novela, por supuesto, hay orcos.”

No sabría decir si fue esta frase atribuida al Nobel de economía Paul Krugman, burlándose de la novela favorita de los entusiastas del neoliberalismo, corriente con la que no es ningún secreto que es muy crítico, o el comentario indignado de un fan a un articulo critico sobre su autora en un blog, reivindicándola como la novela que hace que todo rojo que la lea se vuelva de derechas, lo que hizo que me picara la curiosidad. Porque aunque intente que no se me vea demasiado el pelo cuando hablo de cine y literatura, no creo que sea demasiado difícil darse cuenta de que yo tiro bastante más a las izquierdas que a las derechas. Y si no se dieron cuenta, ahí en la columna de la derecha hay un enlace a otro blog que tengo para hablar de temas políticos, donde si que no me corto un pelo a la hora de dejar bien clara mi posición. El caso es que me sentí tentado, y hasta desafiado por la potencia tanto de las alabanzas de los admiradores, como de las críticas de quienes aborrecían su mensaje. Una novela que causa tanta controversia no puede ser mala, independientemente del poso ideológico que haya en el fondo, me dije. Así que, aun a riesgo de perder mi condición de pancartero contestatario si la leyenda urbana era cierta, me dispuse a leer la que dicen que es la más lograda expresión de la epopeya del individuo genial contra la masas descerebradas y el gobierno opresor: La rebelión de Atlas, de Ayn Rand.


La novela que te convertirá en un neoliberal fanático (o eso dicen). 

La obra de Ayn Rand no puede decirse que sea excesivamente popular fuera de los Estados Unidos. Probablemente se trate de una cuestión cultural más que otra cosa. Es uno de esos productos que, igual que los Cadillac o el fútbol americano, casan muy bien con la idiosincrasia de los norteamericanos, pero resultan extravagantes trasplantados a otro lugar. Alisa Rosembaum fue una inmigrante rusa llegada a los Estados Unidos en 1926. Su padre había perdido el pequeño negocio familiar durante los tiempos de la Revolución, acontecimiento que marcó su infancia,  y durante su etapa estudiantil había sido expulsada temporalmente de la universidad en el transcurso de una de las purgas de Stalin. No es de extrañar que albergara un profundo resentimiento contra el comunismo. Tras cambiar su nombre por el de Ayn Rand, alcanzó su propia versión del sueño americano al entrar en el negocio del cine, primero en empleos auxiliares y finalmente como guionista profesional. En su etapa hollywoodiense fue una firme defensora del macarthismo, y aparte de sus trabajos para el cine, también escribió varias novelas y obras de teatro, antes de decidir poner fin a su carrera como escritora de ficción para dedicarse a desarrollar un método filosófico de su creación al que llamo objetivismo, que viene a ser básicamente un intento de justificación intelectual para el egoísmo. Para Rand, el humanitarismo, la solidaridad y los actos caritativos eran esencialmente dañinos y debilitaban la sociedad, privándola del instinto de superación, y el egoísmo debía celebrarse como una virtud. Vamos, que la buena señora debía sufrir horrores con la programación televisiva navideña. La rebelión de Atlas, publicada en 1957, fue su ultima obra de ficción, una novela-manifiesto, similar en ese aspecto a La isla, de Huxley, que ya comente aquí hace tiempo aunque, obviamente, con una carga ideológica totalmente opuesta.

viernes, 15 de junio de 2012

Mercaderes del espacio.

Quizá una de las preguntas mas clásicas de la ciencia-ficción es ¿cómo sería un mundo dominado por las grandes corporaciones? La respuesta es obvia, ya vivimos en ese mundo, pero seguramente por ello es uno de los interrogantes clásicos del género. A fin de cuentas, muchas veces la ciencia-ficción solo usa el futuro como metáfora del presente. Hoy me propongo rastrear los orígenes de este enfoque temático, hasta la que tal vez pueda considerarse la primera obra en plantearse esa incógnita: Mercaderes del espacio.


Mercaderes del Espacio, novela de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth, publicada en 1954, se adelanta tres décadas en el tiempo a la moda, que popularizará en los 80 el cyberpunk, de presentar sociedades dominadas por megacorporaciones y conglomerados empresariales en la que el individuo ha sido despojado de cualquier poder de decisión, y solo vale en cuanto que consumidor. Hasta la publicación de Mercaderes del Espacio, el consumismo podía formar parte del paisaje distópico, pero siempre había detrás el poder absoluto del estado totalitario como origen de la distopía. Mercaderes del Espacio cambia este enfoque, siendo la primera obra en sugerir que la distopía podía no solo originarse por la masiva concentración de poder por parte del estado, sino también por su contrario, la total deserción del estado de sus responsabilidades de control.

lunes, 5 de abril de 2010

La ciencia ficción distópica (Parte I, 1920-1960)

Ilustracion: El sueño de la razón produce monstruos, de Goya.
Existen dos formas por medio de las cuales puede la ciencia-ficción hacernos sentir aprensión y hasta miedo del futuro que nos aguarda. De una de ellas ya hemos hablado en este mismo blog, se trata de las historias apocalípticas. Hoy quisiera tratar de la segunda via para temer al futuro, las historias distópicas.

Una distopía se define habitualmente como lo opuesto a una utopía, como una sociedad imaginaria injusta y opresiva en todos sus terminos, la tiranía perfecta. Por su oposición a la idea de utopía tambien es común referirse a este tipo de sociedades ficticias como anti-utopias. Es un genero estrechamente relacionado con el apocalíptico, hasta tal punto que numerosas obras poseen elementos de ambos, siendo dificil determinar cual predomina, el apocalíptico o el distópico. Esta relación nace de que, como norma habitual del genero distópico, es preciso un evento de tipo apocaliptico como punto de partida. Dicho evento justificará la existencia misma del regimen despótico, primero, como herramienta de supervivencia al desastre, y posteriormente, como unica salvaguarda ante su hipotetica repeticion. Podemos decir por tanto que sin apocalipsis previo, no puede haber distopía, ya que solo un miedo extremo puede de forma lógica conducir a una renuncia extrema a toda libertad.

miércoles, 24 de febrero de 2010

La Invasión de los Ladrones de Cuerpos

Usted será el siguiente…




Los manuales de psiquiatría definen el Síndrome de Capgras como el trastorno psiquiátrico en el que el afectado cree que una persona conocida suya ha sido substituida por un doble idéntico en todo. El buen aficionado al cine de terror, al oír esta descripción de una patología médica existente en la realidad, sin duda no podrá evitar un escalofrío mientras en su mente se dibuja la imagen, en blanco y negro, de una vaina de habichuelas gigante que jugaba un papel estelar en una de las películas más inquietantes del género. Como sin duda has adivinado desde el mismo momento en que comenzamos a hablar de dobles, vamos a hablar de La invasión de los ladrones de cuerpos.

martes, 26 de enero de 2010

La ciencia ficción apocaliptica.

Foto: ruinas del Gembaku Dome, declaradas patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en la “zona 0″ de Hiroshima.

El día 6 de agosto de 1945 se produjo uno de esos acontecimientos que, como dice el tópico, cambiaría para siempre la historia de la Humanidad. Ese día la ciudad japonesa de Hiroshima fue arrasada por la primera arma nuclear usada en un conflicto bélico de la historia. Las escenas de devastación absoluta dejadas por aquel crimen de guerra que quedo impune impresionan aun hoy, mas de 60 años después, y dejaron una honda huella que inevitablemente influiría en todas las esferas del arte y la creatividad humanas. Con ellas nacería un nuevo subgénero en la ciencia ficción, dedicado a especular sobre los nuevos horizontes de destrucción que la ciencia dejaba al descubierto: el genero post-apocalíptico, comúnmente conocido como las historias del “día después”. Porque, aunque hay algunas de estas historias en la que la catástrofe tiene causas naturales, o en que los culpables son extraterrestres, son excepciones a la norma de que la guerra total entre superpotencias causara inevitablemente el derrumbe de la civilización.
creo obligado advertir que este articulito contiene unos cuantos spoilers de no te menees. Aunque casi todos se refieren a clásicos que todos hemos visto/leído (o deberíamos haber visto/leído) mas de una vez.